A una payasada se debe contestar con otra payasada. Pero no somos tontos. Vamos a enviar un kit de higiene bucal a los sres. Mas y Duran i Lleida. Aunque estaría mejor decir, vamos a enviar un surtido de productos para la higiene bucal (pasta de dientes, jabón lagarto y un paquete de calmante vitaminado para que se sosiegen) a los sres. Mas y Duran i Lleida. Sin embargo tras sus impertinentes palabras, tras la payasada se esconde la verdad. Y queremos desvelarla. ¡Vamos a desvelarla!
Estos representantes de la derecha nacionalista catalana, aliados con unos y otros durante décadas, tienen la habilidad de transformar el reproche en rencor y no tienen pudor alguno en que semejante ejercicio de cinismo se les vuelva en contra como un boomerang. Ya sabrán aprovecharlo, son especialistas en ello. Juegan con los estereotipos como los trileros con las bolitas. Mientras el público mira atento sus movimientos, ellos planean su operación.
Que los jornaleros andaluces reciban ayudas es tan legal, justo y legítimo como que la reciba la industria del automovil instalada en Cataluña (y no por azar). Nunca se nos ocurrira enfrentar a trabajadores y pueblos. Que la gestión de esas ayudas esté contaminada de irregularidades será siempre motivo de denuncia hacia los responsables, nunca al derecho de percibirla. Estos sres. pretenden justificar su deplorable gestión (y la consiguiente adopción de recortes inaceptables para los trabajadores) señalando a Andalucía como responsable de la falta de recursos propios para responder y mantener su estado de bienestar. Pretenden blindar para el futuro inmediato su situación de privilegio político, económico y territorial. Y lo pueden hacer, sin pudor alguno, porque tienen peso político. Porque son imprescindibles (para unos y para otros). Porque Cataluña es necesaria para el diseño y rediseño del mapa futuro que se esta elaborando. Lo mismo ocurre con la derecha nacionalista del País Vasco. Las dos derechas sueñan con el modelo inicial que se planteó hace más de treinta años entre la izquierda y derecha estatal aliados con los nacionalistas conservadores de Cataluña y País Vasco. Un Estado asimétrico y desigual.
Andalucía rompió este diseño. Fracturó este modelo. Alcanzó con su propio esfuerzo la igualdad jurídica y moral con ambos territorios. Ganamos la apuesta y rompimos la baraja. Nunca se nos perdonó. Ahora vuelve a plantearse (en plena crisis de la izquierda estatal, en pleno apogeo de la derecha estatal) ese mismo modelo. Quienes tienen peso propio se blindan y para ello no dudan en provocar. Sacrifican la ética de la verdad sustituyéndola por declaraciones vulgares y mezquinas. Pretenden desviar la atención de sus verdaderos propósitos. Quienes miran el movimiento de la bolita y no se dan cuenta de la jugada que se planea, se equivocan.
Sólo Andalucía (su memoria, su dimensión, su pueblo) puede fracturar de nuevo esta arquitectura. Sólo Andalucía tiene poder y capacidad de impedir este atropello. Esta regresión. Pero para eso tenemos que conocer la verdad y ejercer de andaluces. Las payasadas esconden más de lo que a primera vista parece.